La concentración de Charles Dickens

En estas fechas en las que el espíritu de la navidad invade nuestros corazones, he querido hacer un pequeño guiño a uno de los escritores que mejor supo plasmar ese espíritu. Charles Dickens escribió “Cuento de Navidad” (Christmas Carol) en 1843. En él se narra la historia de un hombre huraño y malvado que es visitado por tres fantasmas que le hacen reflexionar sobre lo que realmente es importante en la vida y acaba cambiando su forma de ser. Éste es un precioso cuento navideño para leer con niños ya que es perfecto para que los pequeños perciban el sentido de la amabilidad y la generosidad.

A continuación os cuento algunas anécdotas y datos curiosos sobre la vida de este escritor.

Charles John Huffan Dickens nació en Portsmouth, Inglaterra en 1812.

Uno siempre imagina que los escritores necesitamos un ambiente relajado y tranquilo para poder concentrarnos. Pero siempre hay una excepción que confirma la regla. Este es el caso de Charles Dickens, que prefería estar rodeado de gente para escribir.

Según palabras de su cuñado Burntt:

Una tarde en Doughty Street, la señora Dickens, mi esposa y yo estábamos charlando de lo divino y lo humano al amor de la lumbre, cuando de repente apareció Dickens. “¿Cómo, vosotros aquí?”, exclamó. “Estupendo, ahora mismo me traigo el trabajo”. Poco después reapareció con el manuscrito de Oliver Twist; luego sin dejar de hablar se sentó a una mesita, nos rogó que siguiéramos con nuestra charla y reanudó la escritura, muy deprisa. De vez en cuando intervenía él también en nuestras bromas, pero sin dejar de mover la pluma. Luego volvía a sus papeles, con la lengua apretada entre los labios y las cejas trepidantes, atrapado en medio de los personajes que estaba describiendo…

 

Su famoso “Oliver Twist” parece haber salido de algunas de sus vivencias. Nació en una familia pobre y pasó su infancia en Londres donde tuvo que abandonar la escuela y trabajar durante horas en una fábrica de betunes para ganar unos pocos peniques (La fábrica se llamaba “Warren’s boot-blacking factory”). Ese dinero lo destinaba a pagar las deudas de su padre mientras éste estaba en prisión por falta de pagos. El trabajo en la fábrica le permitió conocer a gente que le inspiró para algunos personajes de sus novelas. Parte de “David Copperfield” (1850) es autobiográfica. Sólo pudo asistir al colegio de los 9 a los 12 años y su infancia fue muy dura. Él mismo se describió como  “un niño muy pequeño y no especialmente cuidado“. Resulta curioso que, aún recibiendo tan limitada educación,  Dickens lograra convertirse en un escritor de fama mundial.

Warren’s boot-blacking Factory

En una carta enviada a John Forster, uno de sus amigos más cercanos, Dickens describe su tiempo en la fábrica y cómo utilizó el nombre de uno de sus amigos en una novela posterior.

El almacén era la última casa del lado izquierdo del camino, en la antigua Hungerford Stairs. Era una casa vieja y derrumbada, colindando por supuesto con el río, y literalmente invadida de ratas. Sus habitaciones con faldones y sus pisos y escaleras podridas, y las viejas ratas grises que pululan en las bodegas, y el sonido de sus chirriantes rozaduras que suben por las escaleras en todo momento, y la suciedad y la decadencia del lugar, se elevan visiblemente ante mí, como si estuviera allí de nuevo. La casa de conteo estaba en el primer piso, mirando sobre las barcazas de carbón y el río. Había un rincón en el que me iba a sentar a trabajar. Mi trabajo consistía en cubrir los botes de pasta negra: primero con un trozo de papel al óleo, y luego con un trozo de papel azul, para atarlos con una cuerda; y luego cortar el papel para cerrarlos y limpiarlos por todos lados, hasta que se vieran tan elegantes como un tarro de pomada de la tienda de un boticario. Cuando un cierto número de botes había alcanzado este grado de perfección, debía pegar en cada una de ellos una etiqueta impresa; y luego continuar otra vez con más botes.

 

Otros dos o tres muchachos fueron mantenidos en tareas similares con salarios similares. Uno de ellos subió, con un delantal desgarrado y una gorra de papel el primer lunes por la mañana, para mostrarme el truco de usar la cuerda y atar el nudo. Su nombre era Bob Fagin; y me tomé la libertad de usar su nombre mucho tiempo después, en Oliver Twist.

Charles posteriormente trabajó como reportero y bajo el seudónimo de Boz, publicó varios artículos inspirados en la vida cotidiana de Londres (Esbozos por Boz). Tanto en sus novelas como en su vida siempre defendió a los más desfavorecidos, y sobre todo a los esclavos.

Además de escribir, Dickens era un buen actor. Le gustaba leer sus historias en voz alta ante sus familiares y amigos, representando a los diferentes personajes que aparecían en éstas. Incluso estuvo a punto de ingresar en la prestigiosa Escuela de Interpretación de Londres, pero enfermó gravemente de una gripe y sus sueños se vieron truncados.

Este famoso novelista victoriano, aficionado a pasear durante horas,  realizó su última caminata en 1870, cuando murió a la edad de 58 años de una hemorragia cerebral. Antes de morir dejó claro que “ninguna estatua debía construirse en su honor“; no era partidario de ese tipo de homenajes. Sus restos yacen en la abadía de Westminster.

Él fue un simpatizante del pobre, del miserable, y del oprimido; y con su muerte, el mundo ha perdido a uno de los más grandes escritores ingleses

 

 

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