Relato del mes: Abril 2018

Debo reconocer que este mes me ha costado combinar las palabras elegidas al azar. El megáfono me sobraba en todos los relatos que empezaba. Al final le he buscado un hueco en el que creo que no desentona demasiado, pero soy consciente de que podría haber elegido cientos de alternativas diferentes. Ni mejores ni peores, simplemente diferentes. Eso es lo mejor de escribir. Tienes un universo de posibilidades a tu disposición y eres libre de elegir cualquiera de ellas para transformarlas a tu antojo. El truco es lanzarse al vacío con los ojos cerrados y comenzar a explorar, a experimentar, a dejarse llevar por la imaginación. En cierta manera tienes el poder de crear la historia que quieres leer y no encuentras en ninguna parte.

PalabrasMegáfono, rural, disposición

Título: Una broma de mal gusto… (María Suré)

La chica colocó su móvil sobre el capó del coche, poniéndolo a mi disposición. “Puedes comprobarlo por ti mismo” -me dijo-. “No hay ninguna llamada en las últimas cinco horas”. Efectivamente comprobé que así era, aunque podría haberlo manipulado. De cualquier forma, mi intuición me decía que no había sido ella la que me había gastado la broma. Vestía ropa deportiva y, salvo porque no me parecía el lugar más adecuado para hacer deporte, por lo demás parecía normal. Me dijo que estaba entrenando para una maratón y que debía continuar corriendo, y yo la creí. La llamada que había recibido era una grabación de voz en la que una mujer pedía ayuda entre sollozos. Su tono era tan desesperado que en ningún momento pensé que no fuera real. Con voz entrecortada, indicaba el lugar en el que la tenían retenida a la fuerza: una vieja casa rural abandonada, situada en el camino que conduce hasta el lago, lejos de cualquier lugar habitado. Intenté devolver la llamada, pero el teléfono estaba desconectado. Al llegar, salí del coche para inspeccionar el lugar. Allí no había nadie. Estaba a punto de marcharme cuando la chica del maratón salió de la nada. Cuando se marchó, eché un último vistazo a la casa y arranqué el coche para volver sobre mis pasos. Alguien me había gastado una broma pesada y yo me lo había tragado como un tonto. Al llegar al siguiente pueblo, vi un grupo de gente organizándose alrededor de un hombre que les gritaba instrucciones a través de un megáfono. Me acerqué y descubrí que iban a hacer una batida por el bosque para intentar encontrar a una joven que había desaparecido. Un frío húmedo recorrió mi columna vertebral y, por un instante me quedé paralizado, bloqueando con mi vehículo la calle principal. Tardé un rato en reaccionar hasta que por fin me bajé y le conté lo que me había ocurrido a un agente de policía. Volvimos a la casa de campo, pero allí no había nadie. Tampoco había ninguna señal que indicara que lo hubiera habido durante mucho tiempo. Después de una larga e infructuosa búsqueda, volví a casa, cansado y derrotado, para descansar un poco antes de continuar el rastreo al día siguiente. Aparqué el coche en el garaje y abrí el maletero para coger mis cosas. El corazón se me paró durante un instante. Dentro había una chica maniatada, con una mordaza en la boca. La toqué. Estaba fría como un témpano de hielo. 

 


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Las palabras que habrá que utilizar el mes que viene serán: Banco / silueta / incauto

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