Relato del mes: Enero 2018

Tras haber dejado atrás estos días festivos y disfrutar de nuevo de la rutina, volvemos con los relatos del mes de enero. Además del mío, este mes también tenemos otro relato de grupo. Tengo que decir que el “castor” le ha dado más de un dolor de cabeza al último participante, jeje.  Pero el resultado final de nuevo ha sido muy bueno. Un relato un poco más largo de lo habitual, pero con una trama compleja y bien desarrollada en la que interviene hasta el mismísimo Bond, James Bond…

Juzgad por vosotros mismos:

Palabras: Espía, negocios, castor

Título: Ahora sé que es aquí donde quiero estar. (María Suré)

Cuando me decidí a aceptar este trabajo, no imaginé que pudiera ser el último. Más de una vez me habían asignado misiones complicadas, incluso en un par de ocasiones estuve a punto de perder la vida cuando aún era joven y la adrenalina y el alcohol corrían por mis venas casi en la misma proporción. Me creía invencible y aquellos peligrosos juegos de espías me hacían sentir vivo. Hasta que, por mi culpa, murió aquel niño de cara sucia y ojos asustados y la realidad me abofeteó sin piedad alguna. Decidí dejarlo todo y acabe convertido en un vulgar hombre de negocios de gris apariencia y mirada perdida. Durante mucho tiempo me limité a existir, acumulando días vacíos a mis espaldas, como un castor que va amontonando árboles muertos para formar un dique que transforme las aguas turbulentas en un remanso que le sirva de hogar. Pero no funcionó. Añoraba tanto el pasado que no pude encontrar mi lugar en el presente y lo que me esperaba no parecía mucho más prometedor. Así que, en cuanto tuve la ocasión, no tardé en volver a la acción. Pero la vida tiene formas curiosas de demostrarte que no eres más que una mota de polvo en un mundo sucio y polvoriento, que puede sacudirte de un plumazo en cualquier momento. Y eso es lo que ha ocurrido. Mientras espero la muerte, tirado en el suelo con un tiro en la cabeza, escenas de mi vida han recorrido mis pensamientos a un ritmo vertiginoso. No todo fue tan bien como esperaba, cometí muchos errores que ya no podré enmendar. Quizá en otra vida, en otro lugar… Recibo la oscuridad embargado por una increíble sensación de bienestar. Ahora sé que es aquí donde quiero estar y esbozo una última sonrisa antes de desvanecerme.


Título: Juego doble. (Relato en grupo. Participantes: Nieves Alonso, Isabel Herrero, Sandra Delgado, Julián Moraga, Rafael Cabrera, Pilar de la Concepción, Pedro Gilabert, Carlos Molina y María Suré)

Por fin estaba ante aquella puerta. Con una mezcla de miedo y de ilusión, pasé mi nueva tarjeta de seguridad, introduje el código, un clic sordo de desbloqueo sonó. Respiré profundamente mientras la abría. Un largo pasillo apareció ante mí y me dispuse a buscar el despacho de Rust, toda una leyenda. Él debía informarme de mi nueva infiltración, un nivel muy superior a lo hecho hasta ahora.

Llamé, entré en el despacho, y antes de que pudiera presentarme, Rust, sentado en su sillón, dándome la espalda y mirando por la ventana, comenzó a describir la operación. Tenía que actuar de manera rápida y limpia. Entrar, dar el cambiazo, y salir sin levantar sospechas. Todo estaba en el dossier que me habían preparado. “Confío en que estarás a la altura”, dijo para finalizar.

Volví al largo pasillo y salí de aquel edificio rumbo a un peligroso juego entre espías. Sabía que en aquella misión podría encontrarme de nuevo con Bond James Bond―, y que Rust no me daría una segunda oportunidad. Por todo ello, tenía que tener éxito a cualquier precio, y no sería yo la que volvería a caer en sus brazos. Debía mantener la mente fría.

Reuní a todo mi equipo para elaborar un plan sin ningún resquicio, un plan que garantizara un éxito sin precedentes. Tras toda la noche trabajando en ello y escasas horas de sueño, llegó el día señalado. Nos repartimos en dos furgonetas equipadas con todas las herramientas necesarias y pusimos rumbo a La Base.

Una antigua base militar abandonada cerca del desierto de Mojave era el lugar en el que iba a llevarse a cabo el intercambio. Era vital sustituir la lista por otra falsa antes de que cayese en manos de los coreanos. En ella, aparentes amas de casa e inocentes hombres de negocios eran descubiertos e identificados como espías al servicio del MI6. Nuestro plan consistía en interceptar al traidor y hacerse pasar por él para entregar una documentación falsa que nos permitiría matar dos pájaros de un tiro. Todo ello sin hacer demasiado ruido para evitar un conflicto internacional con los americanos. Localicé al objetivo y, tras hacer una seña a mis hombres, contuve la respiración, dispuesta a actuar.

La operación fue un éxito. Nuestra sorpresa ―aunque en este caso podríamos hablar de una gran decepción―, fue descubrir que el traidor era un simple emisario, ajeno a la misión. Había sido enviado por alguien de nuestro equipo para llevar a cabo aquel trabajo y filtrar la información.

Necesitábamos conocer el nombre del verdadero topo y necesitábamos saberlo ya. La tortura no es un método que personalmente me guste usar, pero recurriríamos a lo que fuera necesario. Después de oír el nombre del traidor, vino a mi mente la última vez que lo vi, la última vez que estuvimos juntos. No quería ver nunca más a James… o si…

Como si el destino quisiera ser mi aliado, un aviso de mensaje sonó en mi móvil. Era él, James: “Reúnete conmigo en el parque de tu calle en 10 minutos”. Mis manos empezaron a agitarse nerviosas y mi corazón palpitaba fuerte, temeroso de no hacer lo correcto. Dejarme llevar por mis sentimientos en esta ocasión sería poco inteligente y nada práctico. Quise avisar a mi equipo, pero sabía que no llegarían a tiempo. No podía perder esta oportunidad así que cerré la puerta de casa y salí disparada.

Allí estaba James, sentado en un banco del parque. Era de madrugada y estábamos solos. Me aseguré de que nadie me hubiera seguido y me acerqué a él por la espalda, sigilosamente. Cuando pude verle el rostro, descubrí que no era James… era Rust. No entendía nada, ¿qué hacía Rust en el parque si el mensaje era de James?

Intente preguntarle, pero fue imposible porque sacó un cuchillo y sin mediar palabra me atacó. Me había pillado desprevenida y eso jugaba en mi contra. Me tiró al suelo y, cuando el arma estaba a punto de traspasar mi pecho, alguien empujó a mi agresor, quitándomelo de encima. Era James.

James y Rust empezaron a forcejear en el suelo, intente ayudar a James, pero me quede bloqueada, no lograba entender qué estaba sucediendo. Fueron unos segundos de angustia durante los cuales, vi el cuchillo de Rust aparecer y desaparecer en varias ocasiones. Finalmente escuché un grito desgarrador y vi que la camisa de James empezaba a empaparse de sangre. Un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, no estaba preparada para perderlo. Corrí gritando hacia ellos, no podía parar de llorar. En ese momento vi a James levantarse. Rust seguía en el suelo, inconsciente, con el cuchillo clavado en el pecho. James estaba bien, no lo podía creer. Me abracé a él desesperada por sentir su contacto. Lo necesitaba.

Rust me había utilizado. Los documentos que recuperamos no contenían la lista de espías al servicio de MI6. En realidad, esa lista nunca existió. Según me explicó James, en ellos se encontraba la prueba definitiva que implicaba a Rust en lo que posteriormente se conoció como la Operación Castor, una investigación para destapar una de las mayores mafias que controlan el negocio multimillonario de la tala ilegal de bosques, responsable del asesinato de cientos de indígenas. Cuando todo apunaba a que James era el topo, Rust supo que tarde o temprano yo lo descubriría todo y necesitaba deshacerse de mí. ¿Cómo no me di cuenta? James llevaba tiempo tras su rastro al mando de la operación y, afortunadamente para mí, estaba al tanto de todo lo que ocurría. ¿Cómo pude llegar a dudar de él?

Ahora contemplo su rostro relajado y su cuerpo desnudo tendido junto al mío. De nuevo me encuentro entre sus brazos, aunque juré que no volvería a hacerlo… pero, sinceramente, ya no me importa.


 

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Las palabras que habrá que utilizar el mes que viene serán: Tren, tocado, armar

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